¿Qué habría pasado si la humanidad se hubiera quedado con su dieta 100% vegetariana de la prehistoria?

Durante millones de años, nuestros antepasados más lejanos se alimentaban casi exclusivamente de lo que la tierra ofrecía: hojas, frutos, raíces, semillas y la ocasional ingesta de insectos. Biológicamente, la dieta de los primeros homínidos era casi 100% vegetariana.

Sin embargo, en un punto crítico de la historia, nuestra especie dio un giro drástico e incorporó la grasa y la proteína animal a su dieta habitual.

Pero, ¿qué habría pasado si nunca hubiéramos dado ese paso? ¿Cómo seríamos hoy si nos hubiéramos mantenido fieles a esa alimentación vegetal primordial? La ciencia nos da algunas respuestas sorprendentes (y bastante inquietantes).

Probablemente nunca habríamos desarrollado este cerebro

El cerebro humano es un órgano extremadamente «caro» en términos energéticos: consume cerca del 20% de toda la energía de nuestro cuerpo, a pesar de representar solo el 2% de nuestro peso.

Las plantas, raíces y frutos silvestres de la prehistoria requerían horas y horas de masticación y digestión para extraer apenas unas pocas calorías. Si nos hubiéramos quedado únicamente con esa dieta:

Sin esa capacidad cerebral extra, no habríamos desarrollado el lenguaje complejo, la tecnología ni el pensamiento abstracto.

No habríamos obtenido el chute de calorías concentradas y de rápida absorción que aportaron la carne y la médula ósea.

Es muy probable que nuestro cerebro se hubiera quedado con un tamaño similar al del chimpancé o el Australopithecus.

Seguiríamos pasando el 80% del día masticando y digiriendo

Los herbívoros dedican la mayor parte de su vida despierta a alimentarse. Si la evolución no nos hubiera llevado a diversificar la dieta:

  • Tendríamos un sistema digestivo mucho más grande y complejo (similar al de los gorilas), diseñado para fermentar kilos de fibra cruda todo el día.
  • Nuestras mandíbulas serían enormes y los músculos faciales masivos para poder triturar raíces duras.
  • El tiempo libre no existiría: en lugar de crear arte, construir herramientas o explorar, estaríamos 12 horas al día sentados masticando para no morir de inanición.

Nos habríamos extinguido en las Eras de Hielo

La flexibilidad alimentaria fue el seguro de vida de nuestra especie. Cuando los climas del planeta cambiaron drásticamente y las grandes glaciaciones cubrieron de hielo y nieve gran parte del continente europeo y asiático, la vegetación prácticamente desapareció.

Una especie dependiente al 100% de los vegetales simplemente no habría sobrevivido a los inviernos glaciares. Los grupos humanos que lograron adaptarse y cazar grandes mamíferos fueron los únicos que pudieron colonizar el planeta entero.

La paradoja de la evolución

Lo fascinante de nuestra historia es que ser omnívoros oportunistas fue el gran atajo biológico que nos convirtió en lo que somos hoy.

Empezamos siendo prácticamente vegetarianos por necesidad del entorno, pero fue precisamente el romper con esa dieta lo que nos dio el cerebro suficiente para, millones de años después, inventar la agricultura, la civilización y… paradójicamente, tener la opción de elegir volver a ser vegetarianos por decisión propia.

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